Lucía hacía conservas en Tandil y vendía en tres pueblos. Ana diseñaba packaging para marcas que no la nombraban. No se conocían y no viven en la misma provincia.
Empezaron por un piloto de seis semanas: identidad y etiqueta de una sola línea, con una regla de salida escrita antes de arrancar. La línea entró en cuatro comercios nuevos. Recién entonces hablaron de sociedad, y sumaron a Diego, que puso el canal.
Hoy la marca vende en el país. El piloto costó seis semanas; la sociedad, ninguna reunión de más.